El astrónomo inglés J. Jeans llamó a toda vida, terrestre e hipotética extraterrestre, "la enfermedad de un planeta envejecido". Luego, en la década de 1920, cuando se le ocurrió esta metáfora poco favorecedora, aún no se conocía el método geocronológico de estudio de las rocas (análisis de la desintegración radiactiva), con la ayuda de la cual se determinó su edad. Posteriormente, resultó que algunos fósiles de moluscos antiguos se formaron hace 3.5 - 4.2 mil millones de años. La edad de la Tierra misma, aparentemente, no excede los 4.5 - 5 mil millones de años. Así que la Tierra es sólo unos pocos cientos de millones de años más antigua que la vida que surgió en ella, y no hay necesidad de hablar de un "planeta envejecido" que resultó estar cargado de vida sólo en sus años de decadencia.
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